
Adif reconoció por escrito en 2019 que su sistema de telefonemas es “susceptible de posibles errores y/o manipulación”. Lo hizo en los pliegos de un contrato para digitalizar ese sistema de comunicación entre reguladores de circulación y trenes, primer paso de un proyecto que siete años después sigue en curso y no está todavía desplegado en la red ferroviaria. Entre los motivos para actualizarlo, Adif citaba la necesidad de “reducir la probabilidad y el efecto de los posibles errores humanos”. Preveía además que el incremento del número de trenes que circulan en las vías generaría una carga de trabajo extra a los operadores, situación que no debía “disminuir la fiabilidad” del sistema.



