“Venid a la finca de Aranjuez: no estamos viviendo allí, pero vamos y hacemos la foto en la piscina”, invita, amabilísimo, Pedro Trapote cuando le proponemos una entrevista veraniega. Casi no llegamos. Y eso que, además del GPS, llevamos un planito que nos ha enviado su esposa, Begoña García-Vaquero, para no extraviarnos. Aun así, pasamos un buen rato dándole vueltas al entorno del Palacio Real, hasta que un guardés sale a la verja a hacernos señas. Qué ilusos. No imaginábamos que “la finca” fueran los jardines de Oñate, en el mismísimo cogollo del casco histórico. “Dicen que esto fue el picadero de la reina Isabel II”, cuenta, divertido el anfitrión cuando por fin nos encontramos, sobre este impresionante vergel con dos casas, piscina, verandas varias, caballerizas y un idílico puente sobre un meandro del Tajo. No tenía mal gusto, la madre de La Chata.




