
Unos acordes comienzan a sonar, inundando de música el patio de esculturas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, envuelto desde primera hora de la mañana en un clima de intimidad. Pablo López (Fuengirola, 42 años) está al piano, ensayando una de las nuevas canciones que presentará unas horas más tarde a periodistas, familia y amigos. Está “nervioso y emocionado”, dice, pero también se siente “liberado”, porque los temas en los que lleva trabajando seis años por fin serán del público. “Lo mejor que te puede pasar es que la gente haga suyas las historias. Más que millones de oyentes, es más importante tener millones de historias”, afirma durante la conversación con EL PAÍS.




