
Morena se mira en el espejo y ve el paso de los últimos 15 años. Ha tenido una vida veloz. En su corta existencia conquistó todas las palancas del poder —la presidencia, el Congreso, la mayoría de los gobiernos y legislaturas estatales, la Suprema Corte—; también, en ese ascenso meteórico, en ese devorarlo todo, ha resentido el peso de su éxito, el desgaste, la amenaza de la ruptura interna que aniquiló a otras formaciones políticas de México.


