En poco menos de 11 meses, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha enfrentado dos crisis de gran magnitud. En septiembre del año pasado, un estudiante asesinó a un compañero dentro de un plantel del bachillerato universitario, en un hecho que dejó al descubierto las deficiencias en los controles de seguridad en la institución. Hace dos semanas, el escándalo por el fallido examen de admisión en línea evidenció una cadena de omisiones que se extendió desde la aplicación de la prueba hasta la publicación de los resultados. En ambos episodios la reacción de las autoridades universitarias fue cuestionada por haber llegado tarde, envuelta en dudas y empujada por la presión de la comunidad universitaria y la opinión pública.
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