El regreso de Rubén Rocha quedará en los registros como, entre otras muchas cosas, el periodo más breve en el que un gobernador permaneció en el cargo. Fueron apenas 33 horas entre su primer tuit, anunciando que volvía a la gubernatura de Sinaloa; y el último dando un paso al lado en forma de licencia indefinida. Pero en el transcurso de poco más de un día se concentraron casi todas las variables del sexenio: el desafío y la puesta a prueba del poder de la presidenta y del resto de palancas de la federación, desde la Secretaría de Gobernación, un leviatán de mil brazos, hasta la Fiscalía General de la República (FGR). La unidad de Morena, esa familia numerosa no siempre bien avenida, y su capacidad para responder y sobreponerse al golpe de uno de sus barones. De fondo, como actores secundarios, las sombras del crimen organizado y la mirada amenazante de Estados Unidos. A continuación, EL PAÍS reconstruye, a través de testimonios de media docena de fuentes involucradas en las negociaciones, la sucesión de hechos de una jornada política explosiva.
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