Detrás de ese +11 hay mucho más que un mal resultado. Jon Rahm firmó este pasado viernes su peor torneo desde que hace más de 10 años saltó a profesional. Dos rondas de 78 y 77 golpes le dejaron fuera del corte en el BMW PGA Championship, la cita más prestigiosa del circuito europeo, en el campo inglés de Wentworth, y en el último lugar de la clasificación, puesto 138, entre los golfistas que completaron las dos primeras rondas. Ninguna parte del juego estuvo en su sitio en un jugador español irreconocible y frustrado. Rahm no fue Rahm. Pero debajo de esa superficie late algo más profundo que un swing desajustado o unos putts que no entran. El golf es un deporte tan descarnadamente psicológico que la parte mental pesa tanto o más que la técnica. Y el jugador vasco tiene en estos momentos la cabeza lejos del green por su presente familiar y su futuro profesional.
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