A principios de los años ochenta, el apellido Zambada no resonaba abiertamente en el mundo del narcotráfico. Eso permitía a Ismael El Mayo Zambada, patriarca de esta dinastía criminal, moverse por California sin preocuparse demasiado por ocultar sus pasos. Tenía entonces 32 años y comenzaba a tejer una red de bodegas, transportistas, distribuidores, clientes y lavadores de dinero. Con el tiempo, el área metropolitana de Los Ángeles se convertiría en el principal centro de distribución de drogas y recolección de ganancias ilícitas en Estados Unidos del Cartel de Sinaloa. El patriarca de los Zambada cumple desde este verano una condena de cadena perpetua que le impuso un juez neoyorquino.
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