Ahí un vikingo de fe inquebrantable, de nombre Alejandro Davidovich, que logra contener la ola y acaba coronándose en Shanghái, donde nunca había triunfado un español. Mérito, mucho mérito lo del andaluz, otro de esos talentos que se destapó muy rápido —tenía solo 18 años cuando conquistó Wimbledon como júnior— y al que le ha costado procesar la curvatura de su profesión. El tenis y la mente, un misterio. Tan solitario, tan difícil. Tan complejo. Muy engañosa esta final de momentos en la que de repente le ha pasado un camión por encima y que luego, de ahí esos misterios, ofrece un brusco giro de guion y lo que parecía no lo es. Volantazo: 1-6, 7-6(5) y 6-4, en 2h 28m. Termina Rafa Jódar acalambrado y cojeando, vencido, y se corona de forma merecida el andaluz, ahora propietario de un Masters 1000.
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