Humanizar a los animales con los que convivimos tiene sus riesgos. Uno de ellos es considerar algunas de sus costumbres connaturales a su especie como inapropiadas e intentar cambiarlas. Es el caso, por ejemplo, de evitar que un perro practique la coprofagia (la ingestión voluntaria de heces) o de tratar de erradicar que un gato arañe los muebles de casa. Cuando una especie va contra natura, reprime su instinto, lo que puede derivar en problemas psicológicos. Con los gatos se hace especialmente patente, porque afecta a cuestiones domésticas de una manera más directa, como con el deterioro del mobiliario.
Subscribe to Updates
Get the latest creative news from FooBar about art, design and business.


