La indignación ciudadana con el desahucio de Maricarmen Abascal, un malestar que ha cristalizado con manifestaciones por toda España y una nueva acampada en la Puerta del Sol 15 años después del 15-M, se ha convertido en una baza de presión política que podría lograr lo imposible: el respaldo de la mayoría del Congreso al real decreto ley de vivienda que el Gobierno pensaba aprobar antes de verano y se vio forzado a suspender sine die por los vetos cruzados de los socios. El simbolismo del desalojo de Maricarmen del piso en que vivió casi toda la vida supone “un punto de inflexión”, según reconocen desde ministros a dirigentes del bloque progresista. Y Pedro Sánchez, consciente de la ventana que se ha abierto, no está dispuesto a desaprovechar una oportunidad única.
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