
“No sé si tengo que aguantarlo o no, si tengo que normalizarlo o no. No lo sé”. Anas Aouin (Tetuán, 20 años) llegó a España por Ceuta en 2021, siendo un adolescente, en la última entrada masiva desde Marruecos antes de la ocurrida este verano. Lo hizo persiguiendo un sueño que hoy es realidad: papeles, un trabajo —en un restaurante del puerto de Málaga, cuenta con orgullo—, una vida en España. Ha habido sobresaltos y fatigas en el camino. No solo tres años en un centro de menores. También el racismo de “una parte” de España. “Solo una parte”, recalca. Pero “más ahora” con “lo de Ceuta”. “Comentarios malos”, resume, en un castellano sencillo y confiado, con fuerte acento. En su día a día hace lo posible por quitarles hierro. Es lo que llama “normalizarlo”. Aunque sigue sin parecerle normal. No le parece normal observar cómo el lenguaje se recalienta cada vez más, sobre todo en las redes sociales, al abrigo del anonimato. “Leo cosas como ‘tenemos que echarlos de aquí’. ¡Pero si nosotros también levantamos el país!”, protesta.






