
El fenómeno climático de El Niño provocó lluvias e inundaciones sin precedentes en 2024 en el sur de Brasil que, además de dejar cientos de víctimas, anegaron infraestructura urbana y hotelera, principalmente en Rio Grande do Sul. Un año antes, el huracán Otis había golpeado las costas de Guerrero, en México, con voracidad contra la línea hotelera y de residencias vacacionales. Dos eventos en distintas latitudes que reflejan cómo un clima cada vez más extremo se está convirtiendo en un riesgo creciente para el negocio del turismo. “Justo cuando estamos escuchando mucho de El Niño, hace dos años en Brasil, casi toda nuestra operación en el sur se quedó cerrada por más de tres meses a causa de las lluvias”, recuerda Antonietta Varlese, vicepresidente senior de Sostenibilidad de Accor Américas. “Mirando los riesgos, hoy lo que hacemos es trabajar muy fuertemente con los inversionistas, desde el momento en que se va a construir un hotel”, agrega.


