Fernando Farías Laguna “está desesperado porque lo escuchen”, dice su esposa, Mónica Gámez. Desde el penal de máxima seguridad del Altiplano, donde permanece recluido tras su regreso a México el 21 de agosto, el excontralmirante está decidido a iniciar una ofensiva para defenderse de las acusaciones que lo colocan como uno de los presuntos cabecillas de la red de contrabando de combustible, conocido como huachicol fiscal, que operó en las aduanas y golpeó la reputación de incorruptible de la Secretaría de Marina. Su mensaje está dirigido a quienes tienen en sus manos su caso.
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