Los mensajes que José Mourinho ha lanzado en estas primeras semanas en el Madrid han tenido a Vinicius como uno de sus destinatarios preferentes. Entre los dos quedó abierto un caso el pasado febrero, cuando el técnico, entonces en el Benfica, cuestionó su forma de celebrar un gol delante de la afición lisboeta justo antes del presunto ataque racista de Gianluca Prestianni al brasileño. El luso ha tratado de transmitir que, bajo su gobierno, la cuestión es sencilla: ahora es su jugador y, por lo tanto, cuenta con su defensa pública. Mou admitió hace unos días que el extremo puede mejorar su relación con la grada contraria, pero no vaciló en asegurar que sufre bullying de los rivales y desprotección de los árbitros.
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